NUESTRA COCINA/LABORATORIO (LA CIENCIA)

Después de la última entrada sobre el espacio que habíamos diseñado para crear una cocina adecuada a los peques, hoy me gustaría hablaros de cómo progresivamente fue apareciendo la ciencia, asociada a los procesos de cocinar.

Ya os adelanté que en principio mi niña se había interesado por entender cómo elaborar ciertos platos que veía a diario, en una investigación propia en la que deseaba un acompañamiento. Así que empezamos por preparar cosas sencillas y, a medida que avanzaba, ella iba lanzando preguntas…..

Preguntas que no sólo tenían que ver con cuánta cantidad de agua necesitaba para unos macarrones, sino preguntas también relacionadas con la transformación que se producen en los alimentos al pasar de frío a caliente, o de caliente a frío. Prestar atención a este tipo de cambios e intentar encontrar una explicación me parecía realmente interesante, como cuando apreciamos los cambios en la naturaleza con los cambios de estación. Ya decía Malaguzzi que detrás de todo lo cotidiano hay un montón de sutilezas y detalles que son fuente de conocimiento y aprendizaje significativos.

Así que, a lo largo de las semanas, fuimos aprovechando los momentos de cocinar para pararnos y apreciar por qué una cebolla que pica pasa a ser dulce al estar en contacto con aceite caliente, cómo la pasta de estar seca y dura pasa a húmeda, blanda y resbaladiza por el agua o en cuántas transformaciones podemos convertir un huevo crudo en función de si lo cocemos, freímos, batimos…

Y de vez en cuando también les fui proponiendo (a ella y a su hermano) retos o provocaciones, con el objetivo de darles la oportunidad de encontrar respuestas por sí mismos a conceptos que muchas veces nos empeñamos en explicarles desde nuestra posición de adultos. Por ejemplo, el ciclo del agua o los cambios de estado del agua se dan en Primaria durante varios cursos y normalmente en base a libros o fichas. ¿Podría ser más divertido? ¿Podría ser más vivencial? ¿Se crearían conexiones de mayor calidad si pudiesen experimentar ellos solos esos cambios, tocando, oliendo, sintiendo…? Os enseño una idea justamente sobre ello: 
Como veis es muy sencilla de preparar ya que sólo necesitáis hielos. En esta ocasión de colores, veréis después por qué.

Si os metéis en la cabeza de unos niños, os imaginaréis que lo primero que les vino a la mente fue “- ¡SIIII, golpeándolo…!”. Así que empezaron a golpearlo con lo que encontraron.
De esa manera vieron que conseguían trozos más pequeños pero no variaban significativamente porque realmente seguía siendo hielo (agua helada).
– ¿Y si lo tiramos al suelo?”— propusieron.
Y probaron a tirarlo al suelo, rompiendo los hielos en trozos muy diminutos y dejando el suelo hecho un asquito, pero aún de hielo compacto.

Quizás en ese momento recordaron aquella idea de hace varios veranos sobre la transformación del hielo, o quizás no y fue sólo mi imaginación ;-).
– Con sal, con sal. El hielo se derrite con sal…”— dijeron
Y probaron con sal, consiguiendo poco a poco derretirlos. Alguno acabó bañado en sal.

– ¿Habría otras maneras de cambiar su forma?— les pregunté.
– Si, si, vamos a echar agua a los hielos— dijo el peque.
– No, espera, mejor ponemos agua caliente que son muchos— dijo su hermana.
Así que cogieron un cazo, le echaron agua, lo pusieron en la cocina y encendieron la vitro… su laboratorio 😉
– Mira, mira, todavía no está caliente y ya se está derritiendo— dijo la mayor.
– Ya, ya, voy a echar más…
– Se están mezclando los colores, se están mezclando— dijeron.
– ¿Se están mezclando?— les pregunté — O sea, que cuando el agua era hielo no se mezclaban los colores ¿y ahora sí? ¿Por qué será?. ¿Tendrá algo que ver la forma (estado) del agua? ¿Qué será lo que diferencia una forma de otra?
 

Y justo en ese momento empezaron a surgir burbujitas del agua.
– Ya empieza a hervir, ya empieza— le explicaba la mayor al pequeño.
– Si, ya lo sé— contestaba él— Y sale humo.
– No es humo, es vapor— le decía ella un poco resabida 😉
– ¿Vapor, y de qué color es?— les pregunté— ¿Es de colores como el hielo, es del color del agua mezclada?
 
– Es blanco— contestaron.
– Qué raro todo ¿no?— les dije— Los hielos tenían diferentes colores, al convertirse en agua se ha mezclado todo y ha quedado casi negro y ahora resulta que el vapor sale blanco. ¿Por qué será?
– Ni idea, será por algo que tiene dentro pero no vemos.— contestó la mayor— Bueno, ya puedes poner en el cartel que sí hemos conseguido cambiar la forma de los hielos.
Y empecé a morirme de risa porque su intuición no le engañaba, y seguramente no era el momento de hablar de partículas :-))

Así que os animo totalmente a que invitéis a vuestros peques a prestar atención a los alimentos, a la transformación de sus sabores, olores, texturas
Y a los colegios a incorporar la ciencia desde otros enfoques, por ejemplo a través de la cocina. Hay ya experiencias como la del Colegio Vizcaya con una cocina que acerca a Secundaria el conocimiento científico, la exploración de la ciencia y la biología a a través de la práctica y del trabajo colaborativo. Un proyecto que resultó ganador del Premio Quality Innovation Award 2017 en la categoría Innovación en el Sector Educativo. Os muestro un vídeo:

Fuente: Colegio Vizcaya

Acabo ya, citando a Alfredo Hoyuelos para invitaros aún más a reflexionar (…) Así, las actividades de y en la cocina pueden ser fuentes de aprendizaje lógico, estético, de ficción, de clasificación, de orden, de categorización, de espera, de anticipación con respecto a aquello que hay que hacer. Resumiendo: no se trata de hacer la comida para dar de comer a la boca, sino que existe una gran cantidad de aprendizajes muy apreciables e importantes y que, quizás, porque acontecen allí, cercanos al pan, al tenedor, a la fruta, tienen un significado y un “calor” mayor para el niño y la niña. Con actividades didácticas específicas de clasificación, categorización, etc., hechas “en frío” no se alcanzarían los mismos resultados, porque esto es lo más terrible que se puede hacer al trabajar con los niños y niñas: hacer las cosas “frías” sin un fin, con una respiración corta, cuando en realidad deben tener una respiración suficiente para llegar a un fin complejo (…)

Elena.

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