Los 100 lenguajes

Seguro que habéis oído hablar sobre la teoría de los 100 lenguajes y conoceréis el poema de Loris Malaguzzi,

¿pero qué son esos lenguajes de los que habla la filosofía educativa reggiana?

La definición que hace Reggio sobre los lenguajes es la siguiente:

 

Tal y como aclara Carla Rinaldi (2006), la referencia a los “cien” es arbitraria y se escoge a modo de provocación, con el objetivo de dar igual dignidad a todos los lenguajes y a la posibilidad de comunicarse y conectarse entre sí.

Desde esa premisa podemos entender fácilmente que no sólo se considera lenguaje a los lenguajes de la palabra (lectura y escritura), sino también al lenguaje del dibujo, al del movimiento, al de la música, al lenguaje de la arcilla, al matemático, al científico… y también a la integración y relación entre esos lenguajes.

 

 

La teoría de los 100 lenguajes surge en Italia en la década de 1970, en un momento de gran discusión política y pretende dar valor a todos los lenguajes, sin devaluar los dos primeros mencionados pero sin darles tampoco más importancia respecto al resto.

 

El niño es un ser individual y tiene una manera única de explorar y conocer el mundo, precisamente a través de diferentes lenguajes. Para asegurar, por tanto, una educación de calidad debemos permitir al niño expresarse a través de varios lenguajes, definir sus propias hipótesis y abrir sus propias puertas, integrando lenguajes y profundizando en las diferentes gramáticas que éstos poseen, dándoles tiempo.

 

Si en la escuela prestamos atención, y sobre todo tiempo, sólo a los lenguajes de la palabra corremos el riesgo de interferir con el resto de los lenguajes, eclipsarlos y no dar la oportunidad de expresar todas las potencialidades, recursos e inteligencias que los niños poseen.

 

 

Los cien lenguajes nos sitúan, a niños y a adultos, al mismo nivel. Debemos estar preparados para observar qué quiere expresar el niño y recorrer juntos el camino hacia el aprendizaje. Ese camino es un flujo de ida y vuelta entre los educadores y los niños, y debe de existir la oportunidad de que ocurran cambios. La documentación es el reflejo del conocimiento que surge en ese flujo de ida y vuelta.

 

El lenguaje debe ser cambiante y adaptativo, debido a que no sabemos de antemano qué va a ser capaz de crear el niño. Es precisamente en ese contexto de tolerancia al cambio en el que surge en las escuelas reggianas la idea del taller o atelier, con objeto de que los niños pueden representan su percepción del mundo y en su propio lenguaje.  El taller ofrece, por tanto, a los niños la oportunidad de mirar al mundo profundamente y de manera distinta.

 

 

La aportación de la figura de la tallerista en las escuelas municipales de Reggio Emilia (una profesional con trayectoria claramente artística y no pedagógica), adquiere una gran relevancia ya que logra introducir en el proceso de aprendizaje “los lenguajes poéticos”, los relacionados con el arte ((Vea Vecchi- Arte y creatividad en Reggio Emilia. Ediciones Morata).

 

 

Veamos algunos ejemplos cercanos. Si pienso en los lenguajes que mis hijos han  «hablado» a medida que iban creciendo, me vienen a la mente claramente el lenguaje del dibujo (en el caso de que la mayor) y el matemático (en el caso del más pequeño). No se trata simplemente de que les gustasen más esas disciplinas o juegos, sino de qué a través de esos lenguajes se han expresado, han creado aprendizaje y han establecido conexiones con otros lenguajes.

 

A través del color y el dibujo la mayor ha creado conexiones con la cocina (imaginando un tipo de pasta gigante y realizando un boceto de ese plato inventado antes de buscar los ingredientes y prepararlo), con el arte textil (realizando pruebas de esquemas de colores y tonos que quería utilizar en un bordado con hilo), con la ciencia (dibujando su cuerpo a tamaño real en una gran hoja de papel con los huesos y órganos principales) o con el movimiento (practicando los movimientos que quería representar de una bailarina).



 

El más pequeño siempre tuvo predilección por materiales relacionados con la numeración y la aritmética, pero recuerdo momentos muy clarificadores como una noche de verano varios años atrás en la que después del cuento me pidió que le retase a realizar mentalmente restas de 3 cifras y ese juego de cálculos era su modo de llegar al momento placentero del sueño. A través de ese interés llegó a encontrarse con el ajedrez un día de Navidad en casa de los abuelos, gracias a su lenguaje lógico es capaz de llegar a conclusiones relacionadas con el cambio físico que se produce en una planta de tomate a medida que recibe horas de sol, y también es capaz de incluirlo en otros lenguajes como la arcilla cuando necesita jugar con la lógica, la verticalidad y el equilibrio para que no se caigan unos muñecos de nieve  que está modelando.



 

Acabo con el conocido poema de Loris Malaguzzi, esperando haberos aportado algo de luz y claridad sobre los cien lenguajes.

No Comments

Post A Comment

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies