COMIENZO DE CLASES: ESTO TAMBIÉN PASARÁ

Los días previos al comienzo de clases suelen ser de gran agitación y nerviosismo, tanto en casa como en los centros educativos. Los momentos previos, la víspera puede generar  ansiedad por eso nuevo y desconocido que inexorablemente se acerca y los padres transmitimos, sin desearlo,  esa ansiedad a los niños

Sería importante reconocer nuestros temores o reservas sobre estos comienzos y comentarlo con nuestros niño, aún si son bebes, haciéndoles saber que estamos nerviosas o nerviosos  por saber como irá esta nueva etapa, validando así las sensaciones que ellos pueden estar teniendo sin reconocerlas, por eso es importante que los adultos las nombren.

En casa, cada nuevo comienzo es distinto, cada uno de nuestros hijos lo vivencia de manera diferente y esto varía de un año a otro, incluso para los adultos. Cada nueva  vez es distinta.

En la escuelas maternales, si bien el hecho de la repetición hace que estén más seguros o preparados para las vicisitudes de las nuevas familias y los nuevos encuentros, siempre es un desafío para las educadoras y sus expectativas.

En estos días he estado reflexionando sobre ello y sobre todo en algunos temas que me gustaría compartir con  ustedes.

En primer lugar, se habla mucho del período de adaptación como esa fase indefinida y de duración desconocida, donde, en muchos  una cantidad enorme de  variables son tenidas en cuenta para evaluar si  el niño o bebe se ha “adaptado o no”.

Para comenzar, la palabra adaptación me hace ruido, mucho: primero por sus  innegables  reminiscencias biológicas: hablamos de adaptación al entorno de aquellos animales que deben transformarse para sobrevivir; Darwin ( si bien sus teorías están siendo puestas muy en cuestión en los últimos años)  nos hablaría de que solo los aptos lograrán evolucionar para adaptarse al medio, lo pongo por escrito y aún me gusta menos.

Si vemos y reconocemos a los niños como seres  plenos de potencialidades necesitan un lugar que se adapte a esa plenitud, no lo contrario, ¿verdad?. Ellos  no necesitan adaptarse  a nada, todo es perfecto, solo son nuevas situaciones, context os y nuevas personas a conocer.

Los  espacios con reglas fijas, horarios estrictos y normas inquebrantables son bastante inoportunos cuando necesitamos la calma para el comienzo de estas relaciones nuevas sea fructífero y amoroso.  Pero esto, debería ser valido, no solo para las primeras semanas o meses de la relación entre niños y educadoras, o mejor aún entre familias y educadoras, sino en todo el desarrollo de ese ciclo lectivo.

Me gusta un poco más la palabra Integración, reconociendo a todos, tanto niños como padres y educadores como sujetos diferentes, completos, complejos, íntegros  y plenos  reunimos para crecer juntos, para aprender unos de otros, ya que todos tenemos cosas válidas para entregar y por lo tanto tomar del otro.

Mi reflexión, se centraba también,,en segundo lugar,  en la necesidad de contemplar que la Integración y la acogida no es solo par los niños, es para toda la familia y viceversa, de la familia a los nuevos miembros de su día a día, los maestros, educadores, directivos, auxiliares. Es un proceso de mucha complejidad y de un tenor emocional muy grande tanto para los niños que comienzan su andar como para las familias y por supuesto para las maestras y educadoras.

Por eso es que debería ser posible procurar para las familias libre acceso y circulación como una manera de  que los niños hagan suyos los espacios sin prisa y con el acompañamiento de alguien conocido que les brinde seguridad, hasta que los lazos con su referente dentro de la escuela se establezcan. Los horarios tanto de llegada como de salida deberían ser flexibles también contemplando las necesidades de los más pequeños como la prioridad.

Por eso todas las entrevistas previas, las comunicaciones de las semanas anteriores, el que las familias conozcan el espacio donde sus hijos pasaran esas horas es imprescindible. La concientización por parte de maestras y profes empáticas de la importancia que tiene para esos papás estar tranquilos y seguros de que los niños estarán en buenas manos es crucial para el desarrollo armónico y amoroso de este proceso.

El respeto por el niño, fundamental en la pedagogía Reggio,  incluye también el respeto por su familia, por su religión y por su singularidad, suena redundante tal vez pero creo que es importante dejarlo claro e incluir dentro de ese respeto a un objeto muy particular como es el objeto de apego o objeto transicional, ambos nombres descriptivos que no logran reflejar la magnitud de la importancia que para los niños tienen estos objetos.

Son una parte de su familia,  un miembro más de su grupo y sobre todo el niño considera parte de sí mismo cuya presencia lo hace sentir seguro y a gusto. Bajo ningún motivo debe  quitarse al niño su muñeco, tela o doudou, apartarlo de él con la promesa de dárselo más tarde, mirarlo o tratarlo con desprecio o decirle que lo preste a los amigos o que es feo o sucio;  el niño y este objeto forman una imágen unitaria e indivisible, por lo tanto lo que hagamos con y a ese objeto será tomado de forma muy personal por el niño;  debemos actuar con ellos de forma amorosa, respetuosa y empática al igual que lo hacemos con los niños.

Creo que en la medida que abarquemos de la manera más integra y  demos lugar a la complejidad de los momentos y emociones por vivir, podremos transitarlos de manera más consciente y empática para todos.

Y por último un consejo: recordad siempre, cómo lo hace la frase en el anillo del rey aquel de la leyenda que “Esto también pasará”  y se convertirá en anécdota.

Buen comienzo y nos vamos encontrando por aquí.

Carolina K.

 

 

 

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